Mundo ficciónIniciar sesiónYa era de noche cuando llegué a la hacienda, con los zapatos encharcados en la mano y un verdadero malestar en el cuerpo. Sentía náuseas y sudores como si hubiese comido una sopa podrida y en lo único que pensé fue en refugiarme en Adal. Salí de la cocina por donde había entrado y después de examinar la sala como una ladrona, me percaté que todo estaba oscuro y asumí que todos dormían. Subí con la misma cautel







