EL PUNTO DE VISTA DE CHARLOTTE
A las dos de la tarde, la planta ejecutiva ya no parecía tanto un despacho de esquina en Manhattan como una cámara acorazada de alta seguridad.
Pasé cuatro horas seguidas redactando resúmenes financieros, organizando las actas de las reuniones de la junta directiva y gestionando correos electrónicos con nuestra sucursal de Tokio. Tenía los dedos entumecidos de tanto teclear, pero la gran carga de trabajo era un alivio. Me mantenía la mente ocupada. Me impedía pens