PUNTO DE VISTA DE CHARLOTTE
El frío me golpeó en cuanto salí del ascensor. El vestido de seda esmeralda de ayer, los deslumbrantes flashes y el calor embriagador y peligroso de las manos del señor Mendoza habían desaparecido por completo, sustituidos por el zumbido estéril de las luces fluorescentes, el leve murmullo del sistema de climatización y el olor penetrante del cristal pulido. Hoy había vuelto a ponerme mi armadura: una falda lápiz azul marino de cintura alta, una impecable blusa de se