Capítulo 87. ¡Bienvenidos a casa!
Los rayos del sol iluminaron dos cuerpos enredados sobre la cama, cubiertos escasamente por las blancas sábanas. El gemido femenino irrumpió el silencio de la habitación, Belinda se llevó una mano a la cabeza, se sentía ligeramente aturdida, creyendo erróneamente que había bebido demasiado la noche anterior.
—Juro que jamás volveré a beber en lo que me reste de vida —gruñó, mientras abría y cerraba los ojos, tratando de adaptarse a la luz que se filtraba por las ventanas.
—Deja de hablar, la ma