Capítulo 49. Déjalo descansar
Isaac tomó el cuerpo de Mina y la dejó sobre la silla, le preocupaba la palidez de su rostro.
—¿Te encuentras bien? —preguntó, haciendo una señal al mesero, para que se acercara a su mesa.
—¿Puedo ayudarle en algo?
—Un vaso de agua, por favor —pidió —. Estás pálida, Mina —señaló—, puedo llevarte a la clínica —se ofreció ante el silencio de la mujer.
—No, no hace falta. Todo lo que deseo es volver a casa y reunirme con mis hijos. Por hoy he tenido demasiadas noticias poco agradables —espetó, luc