Luego de Izan irse, Melissa lleva a Alana a un lugar apartado, no podía dejar que la vieran en ese estado. Alana no paraba de llorar, y en ese momento, la que llevaba la batuta era Melissa.
—¡Basta, deja de llorar! ¡Debes aceptar que tiene una hija! ¿Qué mal te hace eso? Piensa en positivo: no tendrás que dañar tu figura.
Alana la miraba haciendo pucheros. Su hermana sabía cuánto le dolía. Izan es su amor de infancia, y ahora saber que tenía una hija era más fuerte que cualquier otra revelación