ALANA GERBER
Verlo en medio de la gran sala no aceleró mi corazón como esperaba, pero la tensión en el ambiente era palpable. Jasiek se acercó hacia mí, su mirada escudriñándome hasta llegar directamente a mis ojos. Sus manos ascendieron hasta mi rostro, y yo instintivamente posé las mías en su cintura, anticipando un beso que nunca llegó. En su lugar, me examinó, detenidamente, su atención centrada en mi vestido. Sus dedos recorrieron mis mangas, notando la ausencia de heridas abiertas en mi