Salieron del hotel en silencio, con el corazón pesado por un extraño presentimiento. Una vez en el coche, Mégane no perdió un segundo. Sacó su ordenador portátil, insertó la memoria USB y el vídeo se inició automáticamente.
En la pantalla apareció la entrada del vestíbulo. Chantelle entraba en el hotel, con la mirada vacilante. Raphina se acercó a ella, con aire inquieto, casi protector.
Luego la tocó.
Un escalofrío recorrió a Mégane. Rhonda, por su parte, esbozó una sonrisa de lado.
—En cualqu