Mundo ficciónIniciar sesiónTres hombres irrumpieron en la habitación, vestidos de negro de pies a cabeza, sus siluetas recortándose como sombras amenazadoras en la luz tenue. Uno de ellos, más imponente que los demás, se mantenía erguido como una hoja. Llevaba una máscara negra que solo dejaba ver sus ojos, fríos, implacables.
Raphina, medio tumbado en la cama, se sobresaltó al oír el estruendo. Su coraz&oacu







