—No lo haces... —respondió con voz profunda antes de levantarse y pararse frente a ella—, no esperaba que llegaras tan temprano.
—Pues quise y ya, además ¿quién dice la hora en que debo venir? —le respondió con una sonrisa coqueta de forma involuntaria—, soy libre de ir y venir sin hora fija. Tengo permiso de lo que quiera.
—Lo tienes hasta que te casas, eso decía mi madre... —respondió desviando la mirada a un lado cuando algo pareció llamar su atención—, ella siempre dice cosas como esa cuan