Victoria había logrado calmar las aguas con los Lobos Hambrientos. No fue fácil, pero su determinación y carisma lo hicieron posible. Su abuelo y su tío caminaron con ella, hablando de los años en que su madre era la líder de los Lobos Hambrientos. La noche cayó, y todos se retiraron a descansar, excepto Victoria, que no podía conciliar el sueño.
Había pedido que Ambar, su amiga y confidente, se quedara con ella en su aposento. Su abuelo no se negó. Ambar era más que una amiga; era como una her