Victoria seguía hablando con Amara en el salón, sintiéndose nerviosa. Tenía familia, pero nunca había buscado a ninguno de ellos. Recordó lo que su madre le había dicho: para ella, el desierto no existía, y esa familia tampoco. Ahora, se daba cuenta de lo mucho que había perdido.
Mientras pensaba en su historia, un hombre se acercó a su abuelo, interrumpiendo su conversación.
—¡Abuelo, Ren! —exclamó el hombre, su rostro tenso—. Hay un conflicto con los hombres de los Lobos Hambrientos que han l