La noche se cernía sobre la ciudad como un manto de terror. Raffil estaba en su oficina, revisando los informes de sus hombres, cuando recibió la noticia que cambiaría todo: Erik había sido el responsable de difundir sus puntos débiles y las ubicaciones de sus escondites. La ira lo invadió como un fuego incontrolable. __“¡Maldito traidor!”, gritó, golpeando la mesa con fuerza.
Sabía que Erik había cruzado una línea que no se podía perdonar. Pero lo que más lo enfurecía era el hecho de que, en m