Llegaron a un restaurante en una pequeña plaza, a Annette, que nunca había salido de su ciudad de una sensación, le gustaba mucho Bruselas, era una ciudad muy hermosa, nada parecido al pequeño pueblo donde vivían.
- ¿Le gusta la ciudad? – preguntó Tristán mirándola por el espejo retrovisor.
- Sí, es muy hermosa…- comentó observando la ciudad por la ventana.
- Lo es, pero es como la pirita…- comentó sin mucho entusiasmo.
- ¿… Pirita? – preguntó sin comprender.
- Es un mineral que