El silencio tras la tormenta de sus cuerpos se sentía espeso en la oficina. Abby aún estaba sentada sobre el escritorio, con la respiración descontrolada y el corazón golpeándole en el pecho. Evan, en cambio, parecía en perfecto dominio de sí mismo. Se acomodó la camisa, abotonándola con calma, como si lo que acababa de ocurrir hubiera sido apenas una extensión natural de su jornada laboral. Alzando la mirada hacia ella, dejó que la tensión regresara con un simple gesto: —Dime, Abby… ¿tomas pas