El eco de su respiración aún llenaba el comedor cuando Evan la ayudó a incorporarse con firmeza, sosteniéndola cerca de su cuerpo. Abby sentía el calor de su pecho y la seguridad intimidante que emanaba de él, como si pudiera dominar cada pensamiento suyo con una mirada.
No mucho después de eso, cada paso hacia el auto era un recordatorio silencioso de quién llevaba el control, y, aunque su mente intentaba resistirse, su cuerpo no podía negar la mezcla de deseo y vulnerabilidad que lo recorría.