A la mañana siguiente, abri despacio los ojos viendo a mi esposo a mi lado durmiendo, me fije en sus músculos, su duro abdomen, en la tienda de campaña que ya tenía, haciendome sonreir, me mire la mano fijandome en mi anillo de casada, pero de pronto una fuerte náusea me hizo levantarme corriendo de la cama. Me fui al cuarto de baño, vacié mi estomago, seguidamente me quité el camison para entrar en la ducha.
—- Buenos días esposa —- escuche a Mario sintiendo sus manos acariciando mi vientre.
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