Érika Camel
«¡Santo Dios!... como no desfallecer en bajo su tacto si él muy ingrato besaba como los mismos ángeles».
Con las hormonas totalmente revolucionadas y locas por la vehemencia sensual de los besos candentes de Derek Mayer, no luchó ni me resisto, solo me derrito como mantequilla suiza en los brazos del hombre que llevo semanas prometiéndome odiar hasta el fin de mis días. «Acabo de romper como mil promesas con este beso».
Creo que mi cerebro a dejado de funcionar momentáneamente,