Derek Mayer
Pasaban las tres de la tarde cuando el auto se detuvo frente a la verja de la residencia de los Camel. Detuve el coche ansioso y sin saber cómo Demonios presentarme.
Si el cielo antes estaba brillante con un sol caliente y tibio, para este momento las nubes amenazaban por desbordarse sobre la tierra en cualquier instante. Hasta el clima se oponía a mi visita. Maldije por lo bajo y mire a mi hermano tratando que dijera alguna estupidez para hacerme sentir menso tenso.
—¿Nervioso? —