Mundo ficciónIniciar sesiónTrisha soportó la limpieza sin chistar, a pesar que tardé mucho más de lo que le hubiera llevado a Amy. Abrió los ojos con una sonrisa serena que nunca le viera, sin prestar atención a los mechones húmedos que se le pegaban a las sienes y las mejillas. Le tomamos ambas manos para ayudarla a incorporarse en silencio, aguardando que hablara.
—Podría irme flotando —dijo, y parecía brillar en la luz del sol que entraba por las ventanas de la cocina—. Pero mejor duermo una siesta.
—T







