Cuando Marla se dio cuenta de lo que realmente estaba ocurriendo, ya era un poco tarde, ella y Jerónimo se encontraban en la suite principal del yate. Él acariciaba y besaba su cuerpo, se sentía aletargada y aunque intentaba levantarse no podía.
—¿Q-qué le p-pusiste a mi be-bi-da? —preguntó con dificultad para modular la frase.
—¿De qué hablas mi reina? Yo no he tocado nada de lo que has bebido?
—No me siento… bien. —trató de apartarse de Jerónimo quién la apretaba con fuerza.— ¡Suél-tame p