Marcella regresó a la habitación donde estaba su hija. Se sentía triste y muy cansada de todo lo que había sido su vida desde el momento que decidió sacrificarse por sus padres y su prima Angeline y no luchar por su amor.
—¡Vi como te veía, el doctor! —bromeó Marla.
—Ya deja de decir tonteces. A Piero lo conozco desde hace más de veintiséis años, a él y a mí, sólo nos une el pasado.
—Nunca lo mencionaste. Me parece que realmente es muy guapo.
—Es el esposo de mi prima Angeline. No tenía p