Blake la condujo hacia el sofá con una firmeza que no dejaba lugar a discusiones. Maddie intentó resistirse, pero su agarre era inamovible. Cuando finalmente la sentó, él se colocó frente a ella, apoyando una mano en el respaldo del sofá y la otra en su cadera, como si necesitara aferrarse a algo para mantener el control.
Su expresión era un mar de contradicciones: dureza, frustración y algo que parecía dolor. Maddie lo miraba, desafiante, pero con una pizca de inquietud. Sabía que estaba al b