No tenía ni la menor idea de que un beso fuera capaz de provocar tanto en mis adentros. Me sentía en una nube, en un mágico cuento de hadas y de princesas siendo besada por el príncipe azul. Esa revolución que se implantó en mi estómago era poderosa, chispeante y por mi sistema recorría una electricidad que no era capaz de describir con alguna palabra. Sentía retorcijones y hasta llegué a creer que el estofado de carne me había sentado mal. Tenía el presentimiento de que me haría encima, pues s