Ava
El mar estaba ahí mismo. Tan cerca, que si caminaba unos pocos metros, mis pies podrían tocarlo, el agua fría podría erizar mis vellos. El azul tan profundo se veía hermoso, y si supiera nadar, definitivamente estaría sumergiendo mi cuerpo ahí mismo.
Así que como no sé nadar, solo camino al lado de Dante.
-¿Por qué no vamos a comprar unos trajes de baño? - pregunta y yo lo miro, negando con la cabeza.
-No es necesario, señor...
-No me digas señor. Dime, Dante, por favor.- suspiro. Es q