Capítulo 50. Prométeme que volverás
Iván intentaba aplacar la violencia que le recorría las venas centrando su atención en el rostro de Elena, pero sus enrojecidos y llorosos ojos, su piel pálida y la sangre que le manchaba el labio inferior le reactivaron las ansias asesinas.
Con delicadeza le separó los labios en busca de la herida.
—La sangre no es mía. Uno de los hombres me tapó la boca para que no gritara. Tuve que morderlo con todas mis fuerzas para liberarme y avisarte.
Iván le sonrió y la abrazó con fuerza. La acunó en su