El sol se dentraba a raudales por las ventanas del apartamento de Amara y Dimitrios, llenando la estancia con una luz cálida que hacía brillar cada rincón. Amara estaba en la cocina, moviéndose con soltura mientras terminaba de preparar el almuerzo. Llevaba unos jeans ajustados que resaltaban sus curvas y una blusa de cuello alto negra, sencilla pero elegante. Su cabello estaba recogido en una coleta alta, dejando al descubierto su rostro radiante y natural.
En la sala, Dimitrios charlaba con