La brisa cálida de la tarde dominicana acariciaba el cabello rizado de Lía mientras ella y Amara se sentaban en la terraza de la casa de los padres de Amara. Unas copas de vino descansaban sobre la mesa frente a ellas, y el ambiente estaba lleno de risas relajadas, interrumpidas solo por el suave murmullo de la música que venía del interior.
—Bueno, amiga —dijo Amara con una sonrisa traviesa mientras giraba su copa entre los dedos—, ¿qué te pareció Andrea?
Lía, que estaba mirando el horizonte c