El sol apenas comenzaba a asomarse por las ventanas del apartamento cuando Amara despertó, sintiéndose más cansada que nunca. Habían pasado cinco meses desde que descubrieron que esperaban un bebé, y aunque estaba emocionada, los malestares del embarazo no desaparecían. Vomitaba casi todos los días y, aunque los antojos la hacían sentir un poco mejor en ciertos momentos, la mayor parte del tiempo solo quería dormir.
Dimitrios, al notar que Amara no se sentía bien, estaba más preocupado que nunc