La tarde había sido especial para Amara. Mateo, el guardaespaldas de Dimitrios, la había llevado a la mansión de los Kanelos, donde pasó el tiempo rodeada de calidez familiar y risas. La pequeña Mave, siempre curiosa y llena de energía, no dejaba de sorprenderla con sus ocurrencias. Tenía apenas siete años, pero su mente era un torbellino de ideas, siempre haciendo preguntas y sugiriendo nuevas actividades. Aquella tarde, Mave había decidido que quería aprender español y, en su inocencia, pidió