Axara abrió la puerta de su apartamento y suspiró con fuerza al ver el desastre que la recibía. Había empaques vacíos de papas fritas y botellas de agua por todos lados, además de una capa de polvo acumulada en las esquinas del suelo. El aire cargado parecía recordarle que hacía tiempo que no tenía un momento para encargarse de su pequeño espacio.
Dejó su bolso en la habitación con rapidez y se cambió a una camiseta sencilla y un pantalón deportivo. Mientras se ataba el cabello en una coleta al