Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia
Cautiva del Amor del Jefe de la Mafia
Por: Ree Shinee
Capítulo 1

—¡Maldita sea! ¿Hasta cuándo seguirán persiguiéndome? ¡Dios mío, estoy tan cansada! —murmuró Aletta.

Siguió corriendo a través de la oscuridad hacia la orilla del río, iluminada únicamente por la tenue luz de la luna.

Finalmente, sus pasos se detuvieron frente a un pequeño montículo de tierra junto al río, donde la corriente no era demasiado fuerte.

Aletta cayó de rodillas y se ocultó entre la espesa hierba y los altos juncos. Se cubrió la boca con ambas manos, conteniendo incluso la respiración para que nadie descubriera su escondite.

Y entonces, de repente...

—¡No huyas, preciosa! La deuda de tu hermano no desaparecerá aunque te escondas.

La voz ronca de uno de los hombres que la perseguían resonó en el silencio, seguida de una risa baja que hizo que Aletta sintiera aún más miedo.

Los pasos de aquellos hombres se detuvieron. Sus miradas recorrieron el lugar mientras mantenían las manos apoyadas en la cintura.

—Jefe, estoy cansado. Ya no puedo seguir corriendo —se quejó un hombre alto y corpulento. Tenía el vientre abultado y el rostro redondo. Respiraba con dificultad por el esfuerzo.

—¡Inútil! —respondió el hombre de menor estatura y complexión, aunque con un rostro mucho más feroz. Los demás que lo acompañaban bajaron la cabeza con evidente temor.

Aletta pudo adivinar que aquel hombre era, sin duda, el jefe de esa banda.

—¡Oye, Aletta! ¡Escucha bien! ¡Sé que estás escondida por aquí! —gritó, rompiendo el silencio.

Aletta, aún escondida, se tapó la boca con más fuerza y cerró los ojos en cuanto escuchó que pronunciaban su nombre.

—¡Soy el Jefe de The Butcher! ¡No dudaré en cortarte partes del cuerpo si no pagas la deuda de tu hermano! ¡Te doy un mes para saldarla! Si no lo haces, prepárate para convertirte en mi tercera esposa. ¡Tu casa y todos tus bienes serán míos! ¡Ni se te ocurra escapar, porque te encontraré aunque te escondas en el agujero de una hormiga! Así que piénsalo muy bien desde ahora. ¡Quedar inválida de por vida, morir o convertirte en mi esposa!

¡Crac!

Los ojos de Aletta se abrieron de par en par al escuchar el sonido de una rama rompiéndose bajo las patas de un gato callejero. Aquello hizo que la atención de los hombres se dirigiera de inmediato hacia el lugar donde ella estaba escondida.

‘Dios, sálvame’, suplicó Aletta para sus adentros. Apretó aún más los labios y cerró los ojos con fuerza.

—Ah... ¿Así que estás escondida ahí?

—Miau.

Un gato pasó tranquilamente frente al Jefe de The Butcher.

—¡Maldita sea! —maldijo el hombre de rostro feroz antes de volver a ponerse erguido.

Silencio.

Solo se escuchaban el canto de los grillos y el suave murmullo del río. Sin embargo, el corazón de Aletta no compartía esa calma. Desde hacía rato latía desbocado.

Poco después, los cinco cobradores de deudas finalmente se rindieron y se dieron la vuelta para marcharse.

—Está bien, vámonos.

Después de asegurarse de que realmente habían desaparecido, Aletta salió de su escondite y se sentó a la orilla del río mientras intentaba recuperar el aliento.

—Ah... ¡Por fin! ¡Esas personas aterradoras al fin se fueron!

El ambiente volvió a quedar en silencio. Aletta cerró los ojos por un momento, escuchando el sonido del agua correr, lo cual la ayudó un poco a tranquilizarse.

En medio de aquella quietud, Aletta reflexionó sobre la desgracia de su vida. Y no era para menos. Apenas unos días atrás había perdido su trabajo debido a una cruel calumnia de su propio jefe, y ahora el destino parecía no haberse cansado aún de jugar con ella.

Por culpa de su hermano, había perdido a su padre para siempre. Él sufrió un infarto al enterarse de que la casa familiar había sido hipotecada por su hijo ante un despiadado prestamista.

Y eso no era todo. Su hermano había desaparecido como si la tierra se lo hubiera tragado, dejándola completamente sola con una montaña de deudas cuyo monto era simplemente absurdo. Lo más increíble era que todo ese dinero había sido utilizado para algo ridículamente estúpido.

¿Para qué? ¡Apuestas en línea! ¡Una vez más, apuestas en línea! ¡Aletta sentía que realmente iba a volverse loca!

—Papá... ¿qué debe hacer Aletta? —susurró, dejando que las lágrimas recorrieran sus mejillas—. ¡Mira! ¡Tu hijo favorito volvió a causar problemas! Incluso fue el responsable de que te fueras para siempre, ¿verdad? ¿Cómo se siente ver tu vida destrozada por culpa del hijo del que siempre estuviste tan orgulloso? Si tan solo hubieras querido escucharme y hubieras sido más firme con él, ¡nunca habría ocurrido algo como esto! ¡Y ahora soy yo, que no tenía nada que ver, quien debe cargar con todas las consecuencias!

Aletta contempló la tranquila superficie del río. No sabía de dónde había surgido aquel impulso, pero por un instante cruzó por su mente el deseo de dejarse hundir y acabar con todo.

Sin embargo, en medio de aquel pensamiento desesperado, un fuerte estruendo rasgó la noche, haciendo que Aletta se sobresaltara.

¡Bang! ¡Bang!

Aletta se cubrió los oídos por reflejo al escuchar los disparos provenientes del puente.

—¿Qué fue ese sonido? —murmuró con tensión.

Y apenas unos instantes después...

¡Splash!

El sonido de un objeto pesado cayendo al río llegó desde el alto puente de concreto, no muy lejos de donde ella se encontraba.

—¿Qué es eso?

Aletta agudizó la vista hacia el río y enseguida se puso de pie. En medio de la corriente distinguió la silueta de alguien luchando desesperadamente por sobrevivir.

—¿E-es... una persona?

Convencida de lo que veía, Aletta entró de inmediato al agua y sujetó la mano de aquella persona que estaba a punto de ahogarse. Luego la arrastró hasta la orilla del río.

—¿Hola? ¿Señor? ¿Puede oírme?

Continuará...

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