Capítulo 1

Golpeo nuevamente el saco de boxeo, repito la acción hasta doce veces, siento la ira nublar mi mente, mi cabeza no piensa con claridad y siento que me pierdo en una niebla de ira, dolor, y oscuridad, tengo ganas de pelear con toda la persona que se me meta por medio, quiero que el mundo desaparezca y quedarme totalmente sola, solo quiero pasar a una nueva realidad donde ser como yo sea normal, donde no te miren raro por amar algo que típicamente no es para los de tu tipo, siempre he tenido que lidiar con los insultos y demás pero nada se compara a lo que paso tal día como hoy de hace dos años, nadie le dio importancia a ello y me hace hervir la sangre, me hace querer dejarlo todo pero no puedo, jamás podré por tres razones de máxima importancia, una es que amo lo que hago, dos que lo hago con mi mellizo y tres que ella amaba esto tanto como mi hermano y yo.

Comienzo a ver puntos negros en los laterales de mis ojos, mi respiración es demasiado irregular y mi corazón late a una velocidad poco sana, el cansancio cala en cada uno de mis músculos pero siento la necesidad de seguir, de no parar de golpear el estúpido saco que tengo delante.

Respiro con profundidad, expulso todo el aire de mis pulmones y vuelvo a golpear el saco, repito la acción hasta que el reloj del gimnasio marca las seis treinta de la mañana, llevo dos horas aquí, mis manos están chorreando sangre pero es lo que menos me importa, el dolor que siento en las manos no es ni la mitad del dolor que siente mi corazón, no creo que nada alivie ese dolor, esa opresión y ese anhelo de volver a ver su hermosa sonrisa.

Me dejo caer en el banquillo cerca de las taquillas cuando veo entrar a los hombres de seguridad contratados por mi padre, ellos ni se molestan en saludarme, saben que jamás me dignaré a devolverles el saludo, al principio lo intentaban, luego se dieron cuenta que el accidente de hace un par de años me había dejado hueca, no habían risas, la chica risueña que una vez conocieron simplemente desapareció, se murió con ella y no intentaba ocultarlo, ni lo intento.

Jamás oculté como me sentía, seguí siendo igual de expresiva que antes pero hace un par de años era feliz, alegre, y divertida, ahora solo queda una chica amarga, borde y dolida. Papá y la federación internacional de motociclismo me obligaron a ir junto con un psicólogo que no fue de mucha ayuda y fue fácil manipularlo para que les dijera tanto a la federación como a mi padre que yo solo pasaba por una fase de luto pero que eso no me impedía correr, de no haberme dado luz verde para correr nuevamente, yo seguramente hubiese muerto de verdad.

- Tus manos son un desastre.- me giro para ver los ojos verde azulado de mi hermano.

- Lo sé, siento como las heridas pican y la sangre húmeda deslizarse por mis nudillos.- digo sin expresión, él se limita a verme con dolor.- ¿Preparado?

- Siempre lo estoy.- dice con una sonrisa tímida.- ¿Y tú?

- Nací preparada.

Me levanto del banquillo sin esperar a que Andrea me siga, él va a empezar a entrenar ahora y yo ya he terminado así que debo darme una ducha ahora, desayunar y largarme a alguna parte donde nadie, ni mi padre ni mi mellizo vayan a buscarme, no quiero escucharlos hablar de ese tema, solo quiero seguir con mi dolor.

- Di...

- Buenos días papá.- no lo dejo acabar.- Voy a la ducha.

- Tenemos...

- No tenemos nada de lo que hablar, ya pase por el psicólogo, ya hice todo lo que debía y todo lo que querías, no quiero hablar de ese tema, quiero sufrir sola, ¿es mucho pedir?- digo mirando los mismos ojos verde azulado que posee mi mellizo.

- No, nos vemos más tarde.

Ni me despido cuando subo corriendo las escaleras, sé que va a volver a intentarlo como el año pasado, solo han pasado dos años, hoy se cumplen dos años y esto sigue doliendo de la misma forma que cuando me dieron ese puta noticia, mi mundo sigue marchitándose como ese día y mi cabeza sigue gritando que no puede ser posible, pero por desgracia tanto él como yo sabemos que lo es y nunca lo olvidamos.

Me quito la ropa lo más rápido que puedo y me paro a ver a la persona que ocupa mi cama, hago una mueca de desagrado, no me gusta que se queden a dormir.

Le doy una patada en el costado, no es muy fuerte pero tampoco floja, lo suficiente como para que el invasor de mi cama se despierte y me mire con cara de pocos amigos, o al menos hasta que ve mi cuerpo desnudo.

- ¿Quieres repetir nena?- ruedo los ojos, no debí ir a ese lugar.

- No, quiero que te vistas y te vayas.- me giro al mismo tiempo que él me agarra del brazo.

- Venga nena, podemos pasarla muy bien, como anoche.- lo miro con desagrado.

- Ya, no quiero repetir lo de anoche, yo no repito con alguien que conocí en un bar y con el que me acosté porque iba borracha.- hago una pausa al ver su cara de indignación.- Vete, fue bueno lo de anoche, me diste dos orgasmos y ya.

Me suelto de su agarre y me meto en la ducha mientras escucho como suelta miles de tacos, de los cuales la mayoría hacen referencia a cuan zorra soy pero no voy a molestarme por ello, ya me han insultado lo suficiente para hacer como si sus palabras fueran algo más que susurros de aquellas pesadillas que me despiertan todas las noches a la misma hora, nunca cambia siempre a la misma hora, siempre el mismo sueño.

Abro la ducha y entro con el agua helada cayendo a cascadas de la alcachofa de ducha. Antes de lavarme el pelo o alguna otra parte del cuerpo, echo agua a mis nudillos y veo como esta se lleva los restos de sangre adheridos en ellas, me quedo hipnotizada hasta que el agua sale transparente y paso a la otra mano, realizando el mismo proceso.

Lavo mi cabello a conciencia, no quiero que siga oliendo a bar y alcohol mezclado con el sudor del sexo y el entrenamiento que he realizado con anterioridad. Mojo mis músculos que se relajan de inmediato con el agua fría y tras una hora en la ducha salgo de ella envolviéndome en una toalla.

Cepillo me pelo castaño con reflejos azules y me quedo mirando mi reflejo en el espejo, es doloroso ver que mis ojos verde cristalino antes tan amables, tan alegres y con tanta chispas ahora solo están tristes, carecen de la vida que una vez tuvieron.

Entiendo que papá y Andrea quieran ver lo que yo era antes, de verdad he intentado ser feliz después de ella pero no es fácil olvidarse de su risa dulce, de sus ojos castaños y sus hoyuelos risueños, de su cabello castaño y su piel tigreña parecida a la que poseemos papá y yo, Andrea es ligeramente más pálido, es difícil dejarla ir, no quiero, siento que si deja de doler la estaré olvidando y no quiero, yo no quiero olvidarla.

Unos toques en la puerta me sacan de mi espiral de dolor y con pesadez abro tanto la puerta del baño como la de mi cuarto.

- Papá quiere saber si necesitas ayuda nuevamente.- dice con severidad.

- Creo que ya hemos hablado esto demasiadas veces.- suspiramos cansados porque es cierto, mientras él sigue con el psicólogo yo hace más de siete meses que deje al mío.

- Pero estamos preocupados, te has destrozado los nudillos y tanto tú como yo sabemos lo importante que son las manos de un piloto.- veo las lágrimas acumularse en sus ojos, yo no he vuelto a derramar lágrimas desde aquel día, como dije no queda nada en mi.

- Andrea, dejen de pelear conmigo, agradezcan que sigo a su lado y ya, un psicólogo no va a cambiarme, necesito que me dejen lidiar con el dolor y la pena a mi forma.- él bufa pero no me contradice.

- Te amo y felices dieciocho.

- Felices dieciocho también para ti Andrea.- mi hermano me da un beso en la mejilla antes de salir por la puerta de mi cuarto y dejarme completamente sola.

Cierro la puerta con seguro y me pongo algo de ropa ligera, bueno, yo siempre voy como diría la ex-amante de mi padre demasiado ligera, ella tenía la manía de creerse mi madre y la de Andrea cuando ambos sabíamos que era la mujer del momento y luego papá pasaría a otra, nunca nos ha importado ver a mi padre con mujeres, él es un mujeriego y nunca ha tenido la intención de cambiar y nosotros no tenemos la intención de cambiarlo.

Mi padre a pesar de ser un mujeriego quería hijos y por eso alquiló un vientre de alquiler, una mujer prestó su cuerpo y sus óvulos para que se fecundaran con los espermatozoides de mi padre y así darle a él los hijos que anhelaba y eso es la historia de como Andrea y yo llegamos al mundo, con una madre gestante y un padre que nos amaba sobre todas las cosas. Andrea y yo somos y siempre seremos la luz de sus ojos y mi hermano y yo, aunque yo esté algo perdida en mi dolor, siempre estaremos unidos, nadie ni nada podrá romper el vínculo que hemos compartido por dieciocho años, ni siquiera el dolor es capaz de hacer desaparecer eso.

Bajo al comedor mirando las noticias del móvil y siento mis manos temblar cuando leo la última noticia sobre el motociclismo, apago de inmediato el móvil y lo dejo en el bolsillo trasero de mi pantalón, me llena de cólera que sigan apareciendo noticias y especulaciones de ese día, ya se hicieron las investigaciones pertinentes y ya me atosigaron lo suficiente para que diera mi versión como para que sigan con esta m****a que no me deja respirar.

- Supongo que lo has visto.- levanto la mirada para ver al mejor amigo de mi padre, Caleb Huber, ex-piloto de motocross como mi padre.

- Si, ¿algo que quieras preguntar?

- No Nikey, no voy a preguntarte porque sé que me patearas.- intenta bromear pero al ver que no me río vuelve a su cara severa de siempre.- Feliz cumpleaños pequeña.- me da un beso en la mejilla.- Esto es para ti.

Cojo la caja que me da y la abro con delicadeza hasta ver el colgante que hay en el interior, es un colgante con la letra N supongo que por mi nombre, no es el mejor regalo o al menos no para quien no conozca mi historia pero para quien la conozca sabe lo que esto significa para mi.

- Gracias.- él me sonríe.

Paso por su lado y le pido a Andrea que me ponga el colgante, él hace a un lado mi pelo y me lo pone, una vez que este descansa sobre mi cuello lo toco con mi mano izquierda mientras siento mi corazón latir con fuerza.

- Nikey.- miro a mi padre con molestia.- Dos periodistas quieren hablar contigo aunque sea por videollamada.

- Puedes mandarlos a la m****a, no pienso hablar de lo sucedido ese día, yo ya dije todo lo que debía y me niego a rememorar nada del 14 de septiembre de hace dos años.- digo tajante y él asiente al tiempo que se pega el teléfono a la oreja nuevamente.

- No seas tan dura, él solo quiere lo mejor para ti.- me pide con amabilidad Caleb.

- Me da igual, todos saben lo que pienso de los periodistas que siguen preguntando por el accidente, sino hablo con vosotros de ello ¿por qué iba a hablar con personas que quieren lucrar de mi dolor? Los odio.- digo sentándome en la silla de la cocina para que me sirvan mi desayuno.

- Cielo.- mi padre me da un beso en la mejilla.- No sean tan dura con ellos, es su trabajo.

- Son buitres que no me dejan ni un minuto de paz, ni estando lejos de casa me dejan.- suspiro rendida.

- Ella tiene razón en eso Henry.- me da la razón Caleb y mi hermano asiente dándome también la razón.

- Lo se, pero sigue siendo su trabajo igual que el vuestro es correr, el de Caleb ser vuestro entrenador y el mío ser vuestro representante.- dice encogiéndose de hombros.- Ahora mi discurso anual.

Andrea sonríe y yo lo miro expectante, antes me emocionaba igual que Andrea aunque siempre dice lo mismo, todos los años nos da el mismo discurso sobre como le cambiamos la vida al enterarse de que éramos uno y no dos y de la felicidad que lo embargó cuando nos sostuvo en ese hospital de Berna, la capital de nuestro país de nacimiento y donde nos criamos y crecimos.

- Cuando la mujer que contraté para que os tuviera me dijo que seriáis dos pensé que sería un padre nefasto porque yo solo me había preparado para un bebé pero resultó que iba a tener la tan ansiada parejita en un solo embarazo.- nos sonríe.- Y comencé a sentirme un verdadero padre cuando tuve la ocasión de escuchar los latidos de vuestros corazones, me sentí como la persona más afortunada del mundo.- la emoción en su voz es notable y yo quiero sonreír, deseo hacerlo pero no puedo.- Cuando os adelantáis para nacer, comencé a ponerme nervioso y no sabía si yo solo sería un bueno padre, si sería suficiente o necesitaríais una figura materna, pero ahora viendo os con dieciocho años, creo que os crié bien y estoy orgulloso de ambos.- dice con lágrimas sin derramar en sus ojos.

Me acerco a mi padre y le doy un abrazo, Andrea se acerca y también lo abraza, nuestros padre nos devuelve el abrazo con un beso en la coronilla, es el mejor padre que pudimos pedir y realmente nunca he tenido la necesidad de tener una madre, con él me ha sido suficiente y no necesito nada más aparte de él.

- ¿Vas a salir?- pregunta papá ligeramente temeroso.

- Quiero despejarme un poco antes de esta tarde.- le digo casi en un susurro.

- Lleva cuidado y curate de nuevo los nudillos, los tienes destrozados.- niega con la cabeza.- Y no vayas en tacones.- advierte.

- Tarde.- me burlo un poco, un atisbo de lo que era hace un par de años.- Os veo en la pista, no es necesario que paséis a por mi, solo llevar mi moto de competición.- le doy un beso a cada uno y salgo sin comer, ya desayunaré algo en alguna cafetería.

Hace casi una semana que llegamos aquí y domino el idioma desde antes, para el deporte es necesario controlar el idioma porque para las emisoras, y televisiones internacionales debes hablar en inglés, así que papá siempre fue muy exigente con eso y nosotros siempre fuimos constantes y jamás nos quejamos en las clases, aprendimos juntos hasta el punto de hablar solo inglés entre nosotros y con otros el francés, el alemán o el italiano, papá nos obligó a aprenderlos ya que son idiomas oficiales en Suiza, nos gusta hablar tantos idiomas, se siente bien ya que no tenemos una carrera y así al menos podemos destacar en esto.

Entro en la primera cafetería que encuentro abierta con el casco de la moto debajo del brazo. Mis guardaespaldas personales entran seguidamente, a veces me agobia llevarlos a todas partes pero entiendo perfectamente la preocupación de papá, en Suiza y en Europa en general, muchas veces me persiguieron periodistas hasta provocarme en tres ocasiones ataques de pánico y desde hace dos años sufro de ansiedad por lo que es mejor salir con estos tres gigantes.

- ¿Quieren algo?

- Nosotros ya desayunamos.- asiento.

Espero paciente a que en la fila a que me toque y cuando lo hace me atiene un chico que será un par de años mayor que yo, alto, castaño y de ojos marrones con vetas verdes.

- Hola bonita, ¿qué necesitas?- dice con una sonrisa coqueta.

- Un latte para llevar por favor.- digo matando su intento de ligar conmigo.

- Bonito acento.- me alaga.

- Mi café por favor.

Él se marcha rápido y hace lo que le he pedido, saco mi cartera y espero en silencio a que vuelva para pagarle el dichoso café, sino fuera porque no he desayunado nada no me pararía hasta llegar a un parque solitario donde recordar.

- Siento que mi amigo intentara ligar contigo.- me giro al tiempo que me habla para ver a una chica castaña de grandes ojos azules y con una gran sonrisa.

- No te preocupes.- digo sin prestarle más atención de la que debe.

- Bonito tatuaje.- dice señalando a las espirales en mi mano derecha y en mis dedos.- ¿Dolió?

- En los dedos y en el hueso de la muñeca si.- respondo con molestia, no me gusta que me hablen.

El chico me da mi café y le pago e iba a salir pero sus voces me paran antes de que llegue a hacerlo.

- Me llamo Diana, y él es Roger, ¿cómo te llamas?- me pregunta ella.

- No es importante.

Salgo de la cafetería sin poner más de mi parte en conocerlos y me paseo con mis guardaespaldas hasta terminarme el café, luego me subo de nuevo en la moto y me pierdo por las calles hasta llegar a lo que seguramente sea uno de los peores barrios pero los parques están desiertos y es justo lo que yo necesito en estos momentos.

- Señorita Hofer, no deberíamos...

- Lleven cuidado con las balas.- lo corto.

Dejo caer mi trabajado cuerpo en el banco y miro las fotos que tengo con mi hermano y con ella, las miro una y otra vez para no olvidarme de su cara, de su sonrisa y del ruido de su voz, las miro para recordarme todos los días lo que ese accidente me quito y para recordar como era ser feliz, las miro para tenerla presente en este día y en todos los demás.

Si ella estuviera aquí conmigo, como todos los años me hubiera despertado dando saltos en mi cama, me hubiera gritado al oído “Feliz cumpleaños, Nikey”, luego habríamos ido a la cocina y mi nana nos hubiera hecho a mi y a Andrea nuestro desayuno favorito, tortitas con trozos de fresa, nata y sirope. Después, Andrea, papá, ella y yo hubiésemos pasado el día juntos montados en la moto y haciendo fotos de nosotros riendo, luego nos cantarían feliz cumpleaños y volveríamos a casa para recibir regalos y tener una cena especial, y como todo después de su perdida, las tradiciones del día de cumpleaños se fueron, perdí las ganas de celebrarlo y de casi todo en la vida.

- Debe comer, en dos horas tiene que estar en el circuito.- me avisan.

- Vamos.

Me subo de nuevo en la moto y conduzco hasta una cafetería donde pueda comer algo ligero, no me gusta comer mucho antes de una carrera.

- Pidan lo que quieran, yo pago.

- Pero..

- No reniegues.- pido cansada.

Ninguno vuelve a decir nada y cada quien pide lo que más quiere o lo que mejor le parece de la carta y luego se la devolvemos al amable camarero que me hace ojos, me fastidia la atención masculina, la único que quiere recibir es la atención de mi padre, mi hermano mellizo, y el mejor amigo de mi padre que es como un tío para mi.

- Nikey.- miro al chico, es seis años mayor que yo y es el único que estaba conmigo ese día, fue quien me sostuvo mientras yo lloraba a mares.

- ¿Qué pasa Zacarias?- él me mira sorprendido.

- Quería felicitarte.- asiento y le doy las gracias.

Una vez que hemos terminado de comer pago la cuenta y me quedan quince minutos para llegar al circuito para competir en la primera carrera del año, este modalidad de motos es la única que comienza en septiembre y no es marzo o abril como estoy acostumbrada en Europa, pero es que necesitaba esto, alejarme una temporada entera de las carreras en Europa, sé que si quiero tengo un equipo esperándome para competir, pero en Estados Unidos también me querían y a mi hermano también, sin él no me hubiera venido, y es por eso que este año voy a competir fuera de mi zona.

- Hola.- saludo a papá.

- Vamos cariño, el jefe del equipo, Dominik Cavalli, quiere hablar contigo.- me dice papá con una sonrisa.

Lo sigo hasta donde ya se encuentra mi hermano y veo a un hombre de cuarenta años como mucho, pelo castaño con algunas canas y unos suspicaces ojos castaños.

- Nikey Hofer.- dice mi nombre lentamente.- Eres la campeona más joven de la historia en motocross.- dice con una sonrisa.- Y eres espectacular.- me halaga.

- Gracias señor Cavalli.- me siento al lado de mi hermano.

- Sé los rumores de vuestras hazañas mellizos y espero que aquí den tanto juego como en Europa.- mi hermano y yo sonreímos cómplices.- Vuestros sonrisas prometen mucho.

- Nosotros prometemos mucho señor Cavalli.- le asegura Andrea y eso le saca una sonrisa a nuestro jefe.

- Me gusta su actitud, es un chico carismático, tu eres más seria.- me encojo de hombros.- Ir cada uno a su box, la clasificación es en una hora, si queréis podéis practicar con el resto de pilotos.

- ¿Mi número ha sido aprobado?- pregunto temerosa.

- Si.- me dice con una sonrisa y yo me quedo aliviada.

Mi hermano y yo nos vamos cada uno a su box, ya tendremos luego tiempo para hablar.

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