Capítulo cincuenta y ocho

Ah..." Fidelia gimió suavemente mientras abría lentamente los ojos. El dolor la golpeó por todo el cuerpo. Su cabeza palpitaba, pero el dolor comenzaba a desaparecer.

Su visión estaba borrosa al principio, luego se aclaró y pudo ver su entorno. Estaba de vuelta en su casa, en su propia habitación.

Lentamente, se sentó, colocando la almohada detrás de su espalda para apoyarla. ¿Qué ha ocurrido? Pensó, tratando de reconstruir su memoria.

Fue entonces cuando escuchó que la puerta se abrió. Giró la
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