Capítulo sesenta y nueve

Los ojos de Scott se abrieron cuando vio el desenfoque en su espejo lateral. Ella venía, rápido. Demasiado rápido.

Imposible, pensó, apretando su agarre en el manillar. ¡Nade puede empujar una bicicleta con esa fuerza!

Pero Fidelia lo hizo.

Ella pasó junto a él como un cometa, el motor aullando, los neumáticos chillando mientras las chispas se rociaban detrás de ella. La multitud explotó de incredulidad.

"¡Ella lo alcanzó! ¡Ella superó a Scott!"

"Ella... ¡va a ganar!"

Scott trató de contraataca
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