En aquella pequeña habitación con luces tenues, Ruth estaba completamente desnuda y temblaba como una hoja. A su lado, había un hombre viejo tirado en su propio charco de sangre.
"¿Ruth?", gritó Sabrina, perpleja.
Ruth se levantó y corrió hacia Sabrina, llorando. Sabrina sacó inmediatamente un pañuelo de su bolso para que Ruth se tapara lo más que pudiera.
"Ruth, ¿estás bien? ¿Te hicieron daño?", preguntó preocupada.
"Sabrina... no me hicieron daño. Hice lo que dijiste y luché con todas