“¿Quieres saberlo ahora?”, preguntó Selene, llena de regocijo.
Sabrina miró a Selene con una expresión sombría en su rostro. “¿Quién es?”.
“¿Por qué no lo adivinas?”.
“¿Un criminal en la cárcel, esperando la sentencia de muerte?”, adivino Sabrina, pues no tenía ni idea. Cuando había conocido a ese hombre, estaba claro que estaba encarcelado.
Selene negó con la cabeza. “Sabrina, estoy segura que no eres capaz de adivinarlo, así que déjame que te lo diga. Mañana temprano, a las siete. Nos enco