Sabrina frunció el ceño. "¿Tú eres?".
La voz del teléfono era demasiado chillona. A su vez era estruendosa y ronca. Sabrina ni siquiera podía reconocer si era una voz masculina o femenina.
"Jajaja”. La voz se rio de una forma tan inquietante, como el diablo. “No me recuerdas, ¿verdad? ¡Soy tu sueño, tu pesadilla! ¡Tal vez me meteré en tu sueño esta noche para torturarte hasta la muerte!”.
Sabrina puso los ojos en blanco. “¡Lily Parker! ¡Estás loca! ¿Crees que soy una niña de tres años?”.