Me mordí el labio cuando Matías me penetró de repente.
Sabía que la primera vez dolería; ya lo había sentido antes durante mi luna de miel con Levi en mi vida anterior, pero con Matías, el dolor fue mucho más intenso. Era tan fuerte que apenas podía respirar mientras penetraba más profundamente.
—Deja de morderte el labio, cariño —dijo, deslizando su pulgar en mi boca—. Respira. Pronto te sentirás mejor.
Sonaba tan seguro de sí mismo, como si ya supiera que mi cuerpo cedería ante él como con la