—¡Matias! —me tapé la boca, completamente sorprendida.
—Parece que esperabas a otra persona, querida —dijo con frialdad.
—N-no... —respondí, nerviosa.
¿Qué hace aquí? Dios mío, menos mal que Levi ya se fue. Si no, podrían haberse encontrado aquí.
—Pasa —añadí rápidamente, preocupada de que algún vecino pudiera verlo en el pasillo.
Entró en el apartamento y yo corrí enseguida a buscar el teléfono. Fue entonces cuando vi que tenía diecinueve llamadas perdidas suyas.
¡Dios mío! ¿Diecinueve llamada