—Fui a la cocina por un poco de jugo, baby. La limonada no me gustó cómo estaba preparada —mentí, mostrándole el vaso de jugo de arándanos que llevaba en la mano.
—¿Ah, sí? Solo tenías que pedirle a una de las empleadas que lo hiciera —dijo, visiblemente aliviado al darse cuenta de que solo había ido a la cocina.
—¿De verdad necesito pedirle a alguien que haga algo tan simple? —respondí con una ligera risa mientras volvía a mi asiento.
—Sabes que no me gusta verte cansada, princesa. —Caminó a m