Madison sintió escalofríos cuando su marido la acercó al borde del Yate, sintió un miedo indescriptible al ver el agua moverse con bravura. En ese momento un débil recuerdo vino a su mente y su cuerpo se estremeció nuevamente, temiendo por su vida.
—Arnaldo, ¿me vas a lanzar al fondo del mar? ¿Es por eso que me has traído aquí?—cuestiona.
—No digas tonterías, bonita. Jamás te haré daño, lo sabes—. Respondió.
—Te recuerdo que, en nuestra luna de miel, mencionaste que yo debería estar en la boca