Finalmente el viaje acabó y pronto llegaron a la casa del abuelo Ferreira. Allí es donde se supone que vivirán, pues, es la mansión familiar y Arnaldo toda su vida la ha pasado en ella.
—Ah, queridos, ya han regresado de su luna de miel. Cuéntenme como les fue, ¿se divirtieron? —pregunta con sarcasmo dirigido especialmente a su nieto, que lo observa con ojos de fuego, pero calmado, puesto que no le puede faltar el respeto al anciano.
—Ya estamos aquí, mi querido abuelo. Hemos viajado y nos hemo