En horas de la madrugada regresó Arnaldo, viene un poco tomado pero lo suficientemente cuerdo para venir manejando. Camina directo a su habitación para descansar, afuera llueve a cántaros y los relámpagos en la oscuridad no se hacen esperar.
Al pasar por la habitación de su esposa sintió curiosidad de verla dormir como lo hizo aquella noche que despertó en su pecho. Justo cuando colocó su mano en el pomo de la puerta para abrir, se escuchó un grito desalentado que lo hizo poner sus sentidos en