Los segundos en aquel ascensor se le hicieron eternos. Sentía que algo le apretaba en su pecho, pero, no le importaba. Su amada estaba reunida con otro hombre y eso le interesa más. Bajó del ascensor, caminó de prisa hasta la mesa donde la pareja estaba, saludó y sin pedir autorización se sentó en la tercera silla que se encontraba rodeando la mesa.
—¡Buenas noches! —saludó, con su penetrante mirada en su mujer.
—¡Señor, Arnaldo! —respondió Madison con tranquilidad. Eso puso furioso al recién l