El señor Ferreira dejó de sermonear al hombre y se enfocó en el niño que Madison trae en sus brazos. Lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos por la felicidad y emoción que siente al conocer a su primer bisnieto.
—¡Dios mío, Madison! Nos has dado un hombrecito muy hermoso a esta familia llena de maldad. —susurró.
—Gracias, señor.
—Mira, cariño, ellos también son tus abuelitos. —Le habló con voz dulce a su bebé, señalándoles a los señores Ferreira que lo observan con devoción y felicidad.
Ya no