Arnaldo sonrió al ver que la mujer se niega a reconocer que el bebé es miembro de la familia más poderosa y millonaria de ese país.
—No por mucho tiempo, porque en estos días lo pienso registrar como mi hijo legítimo y, por lo tanto, sí llevará mi apellido. —le contestó.
—Ya veremos si te atreves a hacerlo. —Lo retó.
—¿Entonces, le vas a permitir a mi abuelo y a mi papá que conozcan a su primer nieto y bisnieto?
—Ni en tus sueños te presto a mi hijo para que lo lleves a la casa donde está la se