No interferí en la discusión que las mujeres sostenían, me aseguré de que Zayda volviera a su habitación sin hacerle daño a Madison. En silencio salí de la casa sin ir a sacar los papeles que se suponía que necesitaría en la maldita reunión importante que, de hecho, tendría que cancelarla porque ya estaba pasado de la hora. Con razón, mi teléfono no para de vibrar en mi bolsillo; mi asistente ha llamado con insistencia.
Ya en el auto le llamé a uno de mis hombres y le pedí que prepararan el cal