Horas después, Madison volvió a entrar en la sala. Arnaldo moría de ganas por abrazarla, pedirle perdón y hacerle saber que lo que sucedió en el pasado no fue su culpa y que, más bien, fue víctima también.
Decidió no moverse y mantenerse estático por un día más. Quiere seguir escuchando que ella le pida que despierte… ama escuchar su voz. Madison estaba a punto de valorar el pulso del hombre cuando de pronto la puerta se abrió. Dejando ver a su pequeño hijo entrar y correr hacia ella.
—¡Mamá! —