Leah
Odiaba esto. El simple hecho de estar viva me demostraba mi grado de inutilidad, nada estaba saliendo bien el día de hoy y eso que recién me levanto.
El desayuno se me quemó, derramé el jugo en la alfombra, rompí mi blusa y por si no fuera poco me sentía mareada, cansada y con una sensación de asco recorriendo mi estómago. No, no era un buen día.
—Ah, perfecto —menciona Harry poniéndose de pie para abrir la puerta—. Ya ha llegado.
—¿Qué cosa?
Regresa y deja una bolsa sobre la mesa debí ima